viernes, 6 de marzo de 2015

• L O S T

Cuando me enrosco en la cama espero hacerme chiquitita,
tanto que meterme debajo de la almohada sea mi mejor escondite,
que pueda seguir hecha una bola sin que me vean,
tanto que no me importe ser la única de mi tamaño,
que así pueda justificar mi aislamiento, mis escondites.
Tanto que podría explorar el reino de las pelusas, entre mi cama y la pared,
que podría escalar los cajones de mi cama y observar el mar de marmol desde arriba.
Podría acampar en la caja de pañuelos
y que nadie me viese, pero no podría salir de aquí.
 
¿A quién le importa si vive en un mundo sólo para él?

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